Dienstag, April 08, 2008

Eutifrón y las propiedades

Acabo de encontrar un ensayo que escribí cuando partí con esto del Chino y descubrí ciertas partículas. Obviamente ahora no estoy de acuerdo con lo que escribí, pero como no está publicado en ningún lado y es un ensayo completo lo publico en mi blogcito de mi amor que tengo medio abandonado;


Busco con este ensayo introducir una duda. Una duda de una pregunta. La pregunta es si es posible saber que es algo, y la duda apunta a si es posible hacer la pregunta con propiedad.

¿Qué es bello?

¿Es la anterior una pregunta ambigua? Bueno, sí lo es, pues acepta más de una respuesta válida. Una respuesta acertada es “Mi polola es muy bella”, y la verdad es que está bien, pues mi polola es muy bonita. Yo no me he equivocado y contesté a la pregunta. Sin embargo una segunda respuesta es correcta: “Bello es lo creado por Dios”, y esta respuesta no solo es correcta, si no además define lo bello y parece responder con propiedad. En el curso de este ensayo busco mostrar que, a lo mejor, esta pregunta no es ambigua, y en efecto solo la primera respuesta es la correcta. No estoy diciendo que no exista Dios, si no que (más o menos) no existe lo bello así como para ser definido.

Cuenta Platón que previo a su juicio Sócrates se paseaba por Atenas y sus pasos lo llevaron al Portal de los Reyes. Allí se encontró con Eutifrón, que a la sazón también se encontraba en medio de disputas legales. Siguió a este encuentro un diálogo socrático, conocido como “Eutifrón o sobre la piedad”. Como todos los diálogos conocidos como socráticos termina en una aporía y con Sócrates lamentándose por no haber podido llegar a ninguna definición válida del término en cuestión. Lo que lleva a preguntarnos por qué le dirían “diálogo Socrático” si al final a través de “dia-“, la razón (o la palabra) “-logos” no se llega a nada (Y lo que esperaríamos sería lo contrario).

Lo divertido del diálogo en cuestión, más allá de la típicamente lúdica para el lector disposición de Sócrates hacia sus interlocutores, es ver los problemas con que se encuentra Eutifrón al tratar de dar con algo que Sócrates considere una definición válida o cierta de algo. Es en el recorrido de esta conversación en donde una a una son puestas sobre la mesa concepciones no solo de lo que podría ser la piedad, que es el tema en cuestión a lo largo del diálogo, si no además de lo que podría ser una definición correcta de cualquier cosa.

El tema es de por si de extrema importancia, y para muchos, reformulado, se encarama como la pregunta fundamental del conocimiento empírico. ¿Es posible saber? ¿Es posible definir adecuadamente con el lenguaje, con nuestras naturales palabras, aquello que existe? ¿O es que en efecto existe una distancia insalvable entre el lenguaje y los sentidos y de estos a lo real?

Empiezo hablando de Eutifrón y Sócrates para poner en perspectiva el tema que traigo a colación con la hipótesis propuesta en el ensayo. Sócrates fue el primer pensador occidental que se ocupó del que parece ser el problema fundamental de la filosofía (y de paso, la raíz del pensamiento occidental) consistente en saber si se puede saber. Sócrates era un partidario de que por lo menos saber algo era increíblemente difícil, por ello los diálogos socráticos terminan en aporías, esto es, sin solución, no negando la posibilidad de saber, pero poniendo en relieve la dificultad de tal cometido. Por lo mismo el insistía en que nada sabía.

Después de Sócrates el problema estaba claro y abrió el camino a una plétora de soluciones en el curso del pensamiento occidental. Pero más allá de la carrera que origina el recién descubierto problema resulta interesante especular acerca del origen del mismo, y creo posible dar con algo parecido a él en la conversación que sostiene Sócrates con Eutifrón.

Es del parecer de casi todos los estudiosos del tema que entre las definiciones ofrecidas por Eutifrón de la piedad la más común en su tiempo era la que proponía a la piedad como todo aquello que los dioses aman. Pero antes de decir ésta, Eutifrón menciona algo muy distinto como definición de la piedad. La respuesta inicial que da es sencilla: “esto que estoy haciendo ahora, esto es piadoso”

Sócrates buscar saber que es la piedad, que es aquello propio de un acto, que es posible encontrar en todos los actos piadosos, que al verlo nos permite calificar a tal acto de piadoso. A ojo de buen varón Eutifrón está muy equivocado con su primera respuesta, sin embargo a lo largo del diálogo nos queda claro que Eutifrón no es tonto, luego, ¿Por qué pondría Platón en boca del experto en mitos una respuesta tan poco medida y fuera de lugar? Supongamos por un momento que Eutifrón fuera todo lo inteligente y culto que debió haber sido, y que Platón trata a sus personajes como igualmente inteligentes a lo largo de todas las respuestas en el dialogo (suposiciones para nada fuertes). Es de esperar entonces que la primera respuesta algo de cierto tenga, y que no sea tan absurda como parece a buenas primeras.

Sócrates parece particularmente convencido de que existe algo que podemos calificar como propiedad, de propio. Dado un acto, por ejemplo, justo, este cuenta con propiedades que lo hacen justo. De igual manera podemos hacer con lo piadoso o hasta con lo hermoso.

El concepto de propiedad parece ser, a su vez, un pilar fundamental del pensamiento racional. De hecho, la lógica de predicados más básica se aferra de este para su funcionamiento y es difícil concebir el normal discurrir de la especulación racional sin poder definir cosas e indicar propiedades de las mismas. Nótese que no me refiero a características en el sentido de accidentes, si no en el sentido de adjetivos inmanentes, razones sin las cuales una cosa no es ella misma.

Esta estructura que parece sostener a las propiedades como parte del pensamiento no es necesariamente parte de la realidad misma. Es muy posible que ella esté en realidad sustentada en algo menos racional y más humano, el lenguaje.

¿Cuál es la diferencia entre un filamento ampolletístico A y el filamento de una ampolleta B? Pongámoslos a prueba. Un filamento ampolletístico cuenta con una propiedad, hay algo propio en él que lo hace a-propiado para una ampolleta. En tanto que el filamento de una ampolleta forma parte de una ampolleta, no necesariamente de manera física, pero hay un genitivo asociado que nos indica pertenencia. Si nos concentramos en ello parece ser que un A puede ser un B, y un B puede ser un A. Si imaginamos a todo A como parte de un conjunto C (todos lo filamentos ampolletísticos) y todo B como parte de un conjunto D (todos los filamentos de una ampolleta) podemos notar pero no existe identidad entre ambos conjuntos. Si operamos sobre ambos conjuntos una intersección (vemos cuales filamentos son tanto ampolletísticos como de ampolleta) notamos que son la mayoría, pero no todos. ¿Quiénes pertenecen al complemento de la intersección? Por el lado de C son aquellos que no hacen lo que pueden y por el lado de D aquellos que no hacen lo que deben. En este caso la diferencia tiene sentido, pero repitamos el ejercicio y extrapolemos a lo pío e impío. ¿Tiene sentido hablar de actos piadosos y “de la piedad”? No en vano parecen ser lo mismo, de hecho, lo “de la piedad” había aparecido antes al escribir estas líneas, Eutifrón dio un ejemplo claro ante la petición de Sócrates: “Aquello que hago ahora”. Acá mi punto, Eutifrón no parece ver diferencia entre los actos piadosos y “de la piedad” porque como no hay diferencia entre genitivo (de) y adjetivo (ístico) él tiende a pensar que es el genitivo el que lleva la batuta, como sería lo natural con algo concreto. El problema acá es que mientras hablamos de la ampolleta hay en efecto un conjunto complemento de la intersección entre C y D no vacío, pero no así con la piedad. ¿Por qué se da esto? En general porque la ampolleta es una cosa que podemos condecir uno a uno con nuestros sentidos. Si vemos un filamento, aún sin ser este ampolletístico, en la ampolleta, podemos decir que este es de la ampolleta. Para la justicia, la piedad, la belleza y sus símiles no podemos decir lo mismo, pues aquello que nosotros les adjudicamos es aquello que es a la vez propio de ellas. De acá quizás que Platón incluya ésta como la primera respuesta de Eutifrón. Es admisible que fuera la primera respuesta de una persona culta, “genitivo y adjetivo tienen sentido solo con ampolletas, si te vas a las nubes y hablamos de lo mismo las cosas cambian, la piedad no admite separación entre ambas realidades, por cuanto los hombres la han creado.”… O algo por el estilo.

La pregunta que levanta el párrafo anterior está directamente relacionada con lo que creemos es propio y lo que no cuando hablamos de conceptos universales. Es difícil saber si es válido hacer la diferencia entre genitivos y adjetivos cuando hablamos de cosas que no podemos capturar con nuestros sentidos, pero el lenguaje nos permite hacerlo de manera libre y rápida con estructuras conocidas. ¿Es esto en absoluto normal? Yo creo que no.

En el idioma Chino Mandarín existe la partícula (de), ésta encuentra un uso muy amplio, al punto de ser una de las 10 palabras más usadas en el idioma en cuestión. Su uso viene muy al caso de este ensayo. Veamos. Para decir, por ejemplo: el toro de la casa: 家的牛 (jia de niu) se usan las palabras (niu, toro), (jia, casa) y (de, partícula). El tema no es precisamente que diga “el toro de la casa” si no que además dice “el toro doméstico”. De hecho para adjetivizar un sustantivo no es necesario más que agregar el al final del sustantivo, así taurino se dice 牛的 y doméstico 家的. La diferencia entre ambos (genitivo y adjetivo) es posible de hacer en el lenguaje, por supuesto, pero es más interesante aún que exista la misma partícula para crearlos. ¿Es esto quizás una pista hacia lo que puede ser la verdadera naturaleza de las propiedades? ¿Pueden ser entonces la propiedades (de lo abstracto) sean nada más que un constructo en el lenguaje, y en el caso nuestro y de Sócrates, nada más que un constructo en el caso de los lenguajes indoeuropeos para facilitarnos las cosas con lo empírico, que terminó, por medio de las estructuras lingüísticas, filtrándose a lo racional y de ahí transformándose en un gran quebradero de cabeza dando paso al inicio de la historia del pensamiento occidental, la ilustración, y finalmente al mundo moderno? Mi tesis es que es probable, tomando en cuenta el argumento de que los conjuntos C y D se cofunden como indiqué en un párrafo anterior.

Podemos recapitular al respecto. La gran pregunta a la que al fin y al cabo hago referencia en cada momento es si existen o no los triángulos. Los empiristas insisten en que no son más que una ficción, y que como tales no existen más que en nuestras cabezas. Esto es, que hemos creado lo triángulos para simplificar la manera en que operamos con el mundo real. En general y expandiendo un poco esta afirmación podríamos llegar a decir que toda la lógica y todo lo racional que aplicamos a cada momento al mundo real es solo un estereotipo que sobreponemos a todo para facilitar nuestro operar contra lo que nos rodea. Por ejemplo, la relación causa-efecto no existe, solo la suponemos porque parece siempre funcionar. En este contexto la separación que realizamos entre pertenencia y propiedad parece tomar un sentido más claro, pues en efecto facilita para nosotros el interactuar con las cosas. El atribuir propiedades a las cosas nos permite buscar tal o cual propiedad en otras y ordenarlas de acuerdo a las mismas, esperando en ellas ciertas características que se repiten. Lo divertido es que no existe ningún argumento racional que nos permita indicar que en efecto una tal propiedad implicará que tal orden se cumpla, solo lo suponemos a partir de inducciones finitas. No nos queda entonces más que ordenar de acuerdo a las propiedades, creando de esta manera una definición y no una descripción de lo que es, arriesgándonos nuevamente a estar solo especulando con cosas que no existen, o sea, con triángulos.

Obviamente todo este enredo no encuentra conclusión. Mi parecer es que preguntar“¿Qué es una cosa?” es un paso enorme, y para darlo es necesario suponer un par de cosas, o, a lo Heidegger preguntar “¿Qué es que?” o algo parecido.

Eutifrón, creo, no era un sujeto tonto, y lo que hacía era nada más que hacer de eco de la gente de su tiempo, gente dueña de un lenguaje espantosamente flexivo y por tanto proveedor de múltiples instancias en donde el lenguaje se puede alejar de la realidad. Al poner como definición algo tan sencillo como un ejemplo respondió correctamente a la pregunta de Sócrates. La pregunta era “¿Qué es la piedad?” y la respuesta era “Esto que hago”. Quizás la pregunta “¿Qué es una cosa volada, como la justicia?” no es tan ambigua como nosotros creemos y en efecto tiene solo una respuesta posible: “Esto es justo, aquello es justo” y no más. O sea, todo lo demás es un invento en el que tratamos de hacer nuestras vidas más sencillas, y el tiro nos salió por la culata.

2 Comments:

Blogger Tomás Correa said...

no existe lo bello, sólo lo que es percibible como bello dado la cultura. Como inicialmente "la mina" es bella, pero no necesariamente. Es bella o debe ser bella por lo que la sociedad considera bella. Tal vez lo bello es sólo una ilusion como el dolor.

10:48 PM  
Blogger Unknown said...

Wow, acabo de descubrir tu blog. No tengo algo que crea pueda agregar al tu ensayo, solo declarar publicamente que es de las cosas mas sesudas (in a good way) que he leido ultimamente.
Y que de nuevo me convenzo y disfruto con conocer a alguien tanto más inteligente que yo.

4:37 PM  

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